lunes, 7 de noviembre de 2011

ELECCIONES EN MICHOACAN: POLÍTICOS CHIFLADOS

Por Benedicto Tres Equis/ H®
Al margen del enojo que genera el despilfarro que siempre se ve en las campañas políticas en México, es imposible no hacerse ciertas preguntas
¿Quiénes están más locos, los políticos o sus asesores? ¿En verdad no les da cargo de conciencia ser tan cretinos? ¿A quién creen que engañan con su PROPAGANDA?
Ya bastante raro (por decir lo menos) resulta el hecho de que la candidata para gobernar un Estado sea hermana del presidente mexicano, pero hay que ver lo escandolosamente grosera que resulta la imagen del candidato del pri que aparece en todo momento y en cualquier sitio de internet. Y en esa dirección iban mis preguntas respecto a los políticos, sus decisiones y sus brillantes asesores.
El candidato priista, el infausto señor  vallejo figueroa, piensa que su foto con la mirada puesta al infinito... y más allá es suficiente para convencer a los votantes; esa imagen se contradice con el eslogan que reza "Michoacán merece respeto" porque si realmente pesnara eso, no se atrevería a pretender un solo voto con una foto que recuerda la propaganda fascista.
A infausto vallejo en la foto de su campaña se le ve dubitativo,  pensando cuestiones como "¿cómo le haré para verle la cara a esta bola de... michoacanos?" o bien "a  ver, si llego a la grande, entonces podré hacer como que hago y no hago nada"
Imaginemos la conversación entre infausto y su asesor de campaña:
ASESOR: ¿A poco no quedó como todo un patricio en la foto, patrón?
INFAUSTO: La verdad si parezco un auténtico prócer.
ASESOR: Yo le dije que ese fotógrafo que tenemos lo iba a hacer ver con harta personalidad.
INFAUSTO: Me veo re' te seguro... no sé de qué
ASESOR: Fíjese como a la gente la pusimos borrosa, porque la estrella es usted.
INFAUSTO: Me gusta, me gusta... y no me hace falta un copetote ¿verdad?


Y así se podían seguir con elogios ahacia su persona e insultos hacia quienes le pagan. Ni hablar

jueves, 3 de noviembre de 2011

EL ORIGEN DE LAS COLAS EN LOS SUPERMERCADOS


Por Benedicto Tres Equis /H®
Inevitablemente uno llega a una edad en la que los recuerdos y la memoria forman parte importantísima de la vida porque se toma conciencia de ellos: son nuestro equipaje y son nuestra sombra. El problema de vivir en una época en la que los cambios provocados por la tecnología modifican vertiginosamente nuestras existencias, casi invalida la famosa frase "en mis tiempos..." porque ahora resulta que un joven de 18 años podría afirmar que, cuando él era niño, los ipod no existían; o una persona de sólo 30 años puede asegurar que veía sus películas favoritas en videocassetes (que prácticamente ya no existen) en formato beta (que hace muchísimo tiempo dejó de existir).
Todo esto lo traigo a cuento porque hay una cuestión que no me ha permitido dormir desde hace bastante tiempo: ¿por qué los cajeros de los supermercados son tan tardados? Y es aquí donde tengo que emplear la famosa frase "en mis tiempos".
En mis tiempos ir al supermercado  no era una tarea abrumadora en lo que a selección de alternativas se refiere. La vida era más simple y comprar un litro de leche, por ejemplo, no era una situación que te pudiera llevar a un colapso pensando si es mejor light, descremada, deslactosada, semidescremada, etc, etc. Lo curioso de todo es que la oferta ha crecido enormemente, pero los supermercados siguen siendo del mismo tamaño, al menos así es en el caso del súper al que yo iba cuando era niño.
Pero volviendo al asunto que me ha desvelado (el de los cajeros) resulta que en mis tiempos sólo había cajeras mujeres y efectuaban una serie de tareas que hacían comprensible la tardanza: no había bandas que movieran todos los productos hasta donde se encontraban ellas; tenían que revisar cada etiqueta y teclear el precio en la registradora procurando no equivocarse; y lo más inaudito era que, si alguien pagaba con tarjeta de crédito (las de débito no existían) ellas tenían que planchar la tarjeta, es decir utilizar un aparato mecánico para que el plástico se imprimiera sobre el pagaré y después revisar un libro con números microscópicos que enviaban los bancos reportando las tarjetas de crédito que ya no tenían eso precisamente... crédito. Por supuesto el concepto "caja rápida" no existía y si corrías con la mala suerte de que te tocara una fila en la que a dos o más personas se les ocurriera pagar sus compras con tarjeta, pues ya tenías un buen rato para entretenerte.
 Entre las cosas que no ha podido modificar la tecnología es la famosa Ley de Murphy que siempre ha aplicado en los súpers, pues cuando tienes más prisa seguramente eligirás la fila en la que está el cajer@ más tardado, el más torpe o el primerizo que está recibiendo la capacitación bajo el estricto ojo aleccionador de su capacitador.
¿Ahora comprende usted, amable lector, por qué este asunto de las colas en los supermercados no me ha dejado dormir? ¿cómo se podría simplificar aún más la labor de un cajer@ de un súper? No me lo imagino.

lunes, 31 de octubre de 2011

INDIVIDUALIDAD COMUNITARIA SIN CRISIS DE IDENTIDAD

 Por Benedicto Tres Equis/H®
Generalmente transitar por las calles requiere de una gran concentración, ya sea como conductor o como peatón es importante andar siempre a las vivas, pues no falta el que nos embiste con su auto o el que nos quiere pasar por encima aunque no tenga cuatro ruedas. La verdad es que se requiere de una gran pericia y un extraordinario valor para salir a las calles y, por lo mismo, es difícil prestar atención a lo que nos rodea.
El otro día, sin bajar del todo la guardia respecto a mi seguridad peatonal, pude poner atención a algunos jóvenes que vi en la calle. Por ejemplo una pareja de  mujeres que parecían no darse cuenta de que eran exactamente iguales... aunque cada una de ellas se sentía única.
Cada una de ellas traía cargando una imagen de san judas tadeo y era evidente que regresaban de la iglesia del santo del mismo nombre (este asunto que ocurre cada día 28 de todos los  meses me parece una aterradora y fanática moda que poco o nada tiene de devoción y espiritualidad) las dos lucían enormes arracadas prendidas de las orejas, sus maquillajes eran realmente cargados, multicolores y casi iguales; sus peinados eran prácticamente idénticos; vestían ropa muy similar en lo que ellas consideraban el último grito de la moda y su aletargada actitud hacía pensar que la una veía a la otra en un espejo.
Lo más increíble de todo es que las dos mujeres eran diametralmente opuestas en lo que al físico se refería: una era chaparrita y la otra era alta (o al menos parecía alta ante la insignificante estatura de su compañera) la pequeña era muy esbelta, mientras que la otra era gorda (y parecía aún más gorda por el contraste que hacía junto a la otra) una era de tez muy, muy morena mientras que la otra era más bien blanquita; su mímica era muy similar.
Era como si estuvieran en un espejo, con lo que eso representa, ya que el lado izquierdo de la una se convertía en el lado opuesto de la cara de la otra... por lo que era la misma cara, pero al revés. Las dos se sentían únicas e irrepetibles y no les importaba tener enfrente a su propia caricatura.
Además del maquillaje y los accesorios, su actitud y sus acciones eran exactamente las mismas: las dos enviaban mensajes por su teléfono; cuando entraba una llamada el timbre era el mismo y contestaban de la misma manera ¿cuánto tiempo pasarían juntas para ser tan idénticas? ¿O no será necesario?
Lo más curioso de todo este asunto es que parecían apreciar mucho esa pertenencia a un clan de dos y se veían muy satisfechas con esa extraña individualidad comunitaria

lunes, 17 de octubre de 2011

NI STARBUCKS NI JAROCHOS

 Por Benedicto Tres Equis
Aunque México se encuentra entre los primeros lugares de países productores de café, la realidad es que en nuestro país no hay lo que podría llamarse una auténtica cultura del café. Seguramente se venden más frascos de nescafé que kilos de café en grano y el consumo está más relacionado con la moda que con el paladar.
Existen varios ejemplos que avalan este argumento, uno de ellos es sin duda el caso de las cafeterías de El Jarocho. Originalmente molino de café y más bien opción para estudihambres porque en sus inicios sus precios eran accesibles y con una ubicación privilegiada, en el corazón de Coyoacán, me parece que el prestigio de El Jarocho está basado en una especie de leyenda urbana y no en el sabor de los cafés que ahí se pueden tomar. Lo curioso es que la fama que tiene es tan grande que, aparentemente, nadie se atreve a decir lo contrario. No dudo que a quien llevan a tomar café a algún Jarocho por primera vez con la promesa de que probará algo realmente "delicioso", se acobardará y no podrá contradecir a quien tan amablemente lo quiere iniciar en tan coyoacanense costumbre. Además, vivímos en un país en el que, si la mayoría dice que es bueno, resulta de mala educación llevar la contra... o quejarse o manifestar un desacuerdo.
Resulta que el café de banqueta de El Jarocho, que era la opción para quienes no podían o no querían ir a sentarse a algún vips o a algún sanborns, es ahora una incómoda y aglomerada tradición. La neta es que el sabor de esos brebajes no vale la pena, pero quizá lo que cuenta es sentir que se pertenece a una fauna con un incierto estatus pseudointelectual.
Pero si hablamos de modas cafeteras, ni modo de no hablar de starbucks. No podemos negar que los gringos saben hacer bien las cosas y han sabido venderle al mundo "la experiencia" de tomar café. La realidad es que el café que ofrecen es casi tan malo como el de El Jarocho, pero el chiste está en que lo venden mucho más caro. Casi no hay adolescente con aspiraciones de ser alguien en la vida de su círculo de amigos que no sueñe con vivir la "experiencia" que le promete starbucks cuantas veces le sea posible; lo cual dependerá de su habilidad para gorrear o de el poder adqusitivo de sus papás.
La verdad no sé cómo será esa "experiencia" starbucks en otros paises, pero aquí se ha convertido en algo vano, arribista y pretensioso. Como suele suceder en México no importa si el café es bueno o no; tampoco se debe de dar demasiada importancia a si los precios son exorbitantes; es más ni siquiera es imprescindible el que te guste el café... lo importante es estar ahí y que te vean.
Pero la petulancia no se limita a los cafenautas que circulan por los starbucks como clientes,  los empleados que los atienden creen que son una especie de raza elegida o les fueron lavados los cerebros y eso les hicieron creer. La verdad es que a veces he pensado, por su actitud, que se trata de excéntricos millonarios que están cumpliendo una manda o socios de la empresa que están ahí para vigilar que las cosas funcionen como dice el manual pues de no ser así podrían perder millones de dólares.
Su actitud es tan detestable como el café que venden. Hace poco me citaron para una junta en un starbucks, no me quedó más remedio que pedir un café, pero la cajera estuvo a punto de saltar de atrás del mostrador, tomarme del cuello y obligarme a que le pidiera un café "largo" y no chico como yo neciamente insitía.

LA TV DEL TERCER MUNDO


Por Benedicto Tres Equis
Como muchos otros servicios, la televisión de paga en México es CARISIMA. No importa que venga en paquetes de doble o triple play... la verdad es que, como siempre, los ponchados somos los consumidores. Se supondría que, al pagar, uno tendría que obtener beneficios reales, pero no es así. No importa cuál sea la compañía que ofrece el servicio en nuestro país, la tv de paga presenta series extranjeras repetidas e insoportables infomerciales cuyos productos y servicios se ven fraudulentos a leguas. Y todo esto sucede ante la mirada indiferente de la Procuraduría del Consumidor.
Aunque los tiempos están como para no hacer el gasto, uno hace casi  cualquier cosa por escapar de las enajenantes garras de los aztecos y los televisos. Su programación tradicionalmente medicocre y manipuladora empeora los domingos, al punto de que casi se siente nostalgia por un imbécil como raulito velasco y su Siempre en domingo (aunque ersonajes como éste eran los responsables de que uno anhelara tener la edad suficiente para no permanecer en la casa los fines de semana).
¿Cómo es posible que con la cantidad de recursos que existen actualmente la tv mexicana siga siendo una porquería? En este punto podríamos seguir planteando una interminable cantidad de preguntas para llegar a la misma conclusión: a los millonarios patrones de las televisoras lo único que no les interesa es ofrecer a su teleaudiencia programas inteligentes y de calidad pues correrían el riesgo de que se les acabe el negocio.
Pero regresando al asunto de la tv de paga, es casi un milagro pescar una serie o una película que no hayan rtepetido un millón de veces. Su negocio en ese sentido es tan bueno que se inventan canales "retro" para  nostálgicos y retransmiten programas absurdos de los 60's, 70's, 80's y 90's. Lo curioso es que es viendo esos programas que se puede constatar la pobreza de contenidos que ha tenido la tv mexicana desde la prehistoria. Pero lo mismo sucede con los supuestos canales de "actualidad": hay un canal de fox cuya programación consiste en sólo transmitir capítulos de Los Simpson!!!
Por supuesto que se tiene que buscar algo interesante en el canal de la UNAM o en los que proyectan sólo películas mexicanas... cómo estará la cosa que ante la pobreza de la programación y la interminable cantidad de repeticiones hasta el canal del Congreso y el canal Judicial se convierten en una opción.


¿Será que no tiene la culpa el indio... sino el compadre que paga y no se queja? ¿Servirá de algo quejarse? ¿Con quién? Creo que tarde o temprano la televisión tradicional perderá la batalla con las nuevas tecnologías (como ya está sucediendo) y la llamada "Caja Idiota" perderá la atención de la miradas y se quedará vacía (lo cual no está nada mal).

jueves, 13 de octubre de 2011

EL MISTERIO DE LAS PAPAS


Por Benedicto Tres Equis
Es un hecho que las papas son un tubérculo comestible y que, en muchas ocasiones, ha sido un alimento vital para salvar a pueblos enteros de tremendas hambrunas. Nadie puede negar que bien cocinadas son deliciosas y un complemento perfecto para infinidad de platillos o las protagonistas en muchos otros. Por ahí encontré el dato de que un ruso promedio se ejecuta 140 kilogramos al año, es decir, que casi comen tantas papas como tragos de vodka... bien por ellos. Seguramente los españoles no se quedan atrás con el consumo de su famosa tortilla de patatas y los alemanes como complemento de sus salchichones.
Todo eso está muy bien y, desde el punto de vista nutricional, debe ser bastante bueno, sin embargo, el lado chatarra de las papas es lo que me ha llevado a esta em-papa-da disertación.
Seguramente usted ha sido testigo y víctima de la extraña adicción que generan las papas fritas. Aquel viejo slogan de "A que no puedes comer sólo una" parece más bien una maldición porque, efectivamente, una nunca basta. Esa frase retadora que se le ocurrió a un publicista y que ha hecho millonarios a quienes se han dedicado a cocinarlas es casi una verdad ineludible, pero ¿alguien me podría explicar por qué razón son tan caras?
En México una bolsita con unos cuántos gramos de papas fritas cuesta prácticamente lo mismo que medio kilo del tubérculo no embasado. Francamente no creo que la manufactura y la distribución justifiquen tan elevados costos, además están consideradas como alimento chatarra y dizque satanizadas por las autoridades del ámbito educativo.
¿Esta alta cotización tiene qué ver con la adicción que provocan? Algo similar sucede con las papitas a la francesa, compañeras inseparables de las hamburguesas y que resulta una enorme contradicción si pensamos que las hamburguesas son la base de la alimentación de los gringos y estos supuestamente alucinan a los franceses... pero eso es harina de otro costal.
Es tanta y tan grande la afición por las papas fritas que he notado que cada día proliferan más puestos en la calle donde las cocinan y las venden. Con sólo ver los enormes peroles llenos de aceite requemado se me sube el colesterol y siento cómo los triglicéricos hacen de las suyas en mis pobres arterias y es que parecería que ese aceite  lo hubieran sacado de un coche con un kilometraje arriba de los 200 mil kilometros...  pero este pequeño detalle parece no importarle a quienes compran su bolsita de celofan con diez o doce preciadas papas bañadas de salsa Valentina. Allá ellos y sus arterias.

martes, 14 de junio de 2011

UN MUNDO RARO... RARÍSIMO

 Benedicto Tres Equis
No cabe duda que todos los días se aprende algo nuevo... o se recuerda. Hoy tuve la enorme fortuna de viajar en transporte público con una temperatura cercana a los treintaytantos grados centígrados y toparme con un chofer cuyo gusto musical era tan vernáculo como ecléctico.
Viajamos por la sudorosa ciudad al son de las intrigantes  frases de José Alfredo Jiménez (interpretadas por él mismo) y pasamos de la débil mano izquierda que perdió la fuerza a la demanda del "y te me vas ahorita" a la cual sólo le hacía falta el chasquido de los dedos.
En esa lógica machina que está siempre al borde del llanto, entre la frustración, el rencor y el solícito perdón, ya no se sabe qué pensar y cuál es el sentimento real. ¿José Alfredo tenía los ojos claros? La verdad es que no lo sé, pero es un hecho que la amada lo sabía y además los quizo tanto... ¿Cuántas veces se podrán escuchas los versos de José Alfredo Jiménez? Las veces que sea necesario y siempre nos quedarán dudas acerca de si comprendimos correctamente el mensaje.
No sé si fue por el agobio del calor, pero unas calles adelante la cosa se puso más extraña: del José Alfredo intérprete, pasamos al compositor interpretado por, ni más ni menos, que Julio Iglesias; a quien se le oía cantar, con esa vocesita de borrego moribundo y ese marcadísmo acento español, la canción de Un Mundo Raro y en verdad que era cosa no rara sino rarísima, no sólo por lo ya mencionado sino por el arreglo musical con trompetas que más que de mariachi sonaban a Ray Conniff. Definitivamente la música ranchera no es para los españoles, pues Julio Iglesias convierte la bravura en amanerada delicadeza.
El trayecto seguía, el intenso calor también y el desfile de cantantes rancheros no terminaba: Javier Solís, Pedro Infante, Luis Aguilar, los Fernández (padre e hijo) no podían faltar. Quienes arman los discos piratas con decenas de canciones han logrado lo que las disqueras siempre se resistían a hacer, organizar discos con canciones de un mismo género, pero con los intérpretes más disímbolos.