viernes, 15 de mayo de 2009

Mexicanos impúdicos

Por Benedicto Tres Equis
Todo ese resentimiento patriotero que ha despertado la forma aséptica, esterilizada y desconfiada con la que algunos países reciben a los mexicanitos que llegan, no tiene una ninguna justificación. Mi teoría es que esas naciones hermanas no temen al contagio de un virus que dicen está mutando tanto como su nombre. No señores, a lo que le temen es a que les enviemos un vuelo charter repleto de mexicanos impúdicos, porque aquí sobran y tenemos para aventar para arriba... o para exportarlos. Voy a dar sólo algunos ejemplos: 
Gael García. Más allá de si sus dotes histriónicas son o no una maravilla, indudablemente es un actor  que ha destacado en producciones nacionales e internacionales. El lugar se lo ha ganado en ese rubro ya que lo hace mejor que cualquier actor de televisa (aunque el mismo empezó haciendo telenovelas). Y es eso precisamente lo que hace inexplicable que se haya atrevido a cantar la canción tema de su más reciente película. ¿El hecho de que todos los cantantes del género lo hagan de manera desastrosa justifica que el cometa la impudicia de echar unos horribles gorgoritos? Qué mal que este cuate no sea capaz de ver sus límites. Chále!
Jesús Ortega. ¿Cuánto tiempo pasó merodeando al Peje? ¿Cuánto habrá tenido que sufrir? Pues sólo el sabe a lo que ha tenido que llegar para quedarse con la dirección de su amarillento partido. La verdad es que si el se siente realmente carismático, como seguramente se lo han hecho creer quienes lo rodean (favor de remitirse al cuentito aquel del Traje nuevo del emperador) ese es su problema. Pero nosotros qué culpa tenemos de su impudicia al salir a cuadro hablando como un imbécil especie de robot subnormal, haciendo razonamientos imbéciles y subnormales. Seguro el director de escena pasó las de Caín tratando de que su discurso tuviera algún dejo de naturalidad. Lo más curioso es que la de la credibilidad es la escuincla que sale en los comerciales, con suerte y es ella la que ahora se va a hacer cargo de los destinos de ese partido.
Vicente Fox. Lo que se diga de semejante cretino está de más, pero en el tema de la impudicia no podría faltar. La universidad de Emory, en Atlanta, le acaba de dar un doctorado honoris causa y el gustoso y sonriente... lo recibió.
Pues ese es el temor real que sienten en el extranjero cuando ven en el horizonte un avión con bandera mexicana. Sin duda se imaginan lo peor, que es un navío cargado de... diputados, senadores, conductores de televisión, empresarios, ex presidentes, actores, narcos o algún otro bicho que ostente genoma mexicano.

jueves, 14 de mayo de 2009

Universidad de entrepreneurs

Por Benedicto Dos Equis


Discutir no es mi fuerte. Esa bella arte que consiste en la esgrima de las ideas, influir en las opiniones del otro con el uso de argumentos certeros, ideas originales, puntos de vista propios. Y no se me da por que soy poco articulado, se me escapan las palabras adecuadas, no encuentro los argumentos debidos. Yo necesito el espacio que ofrece una hoja en blanco para reflexionar y poner en orden mis ideas. Además discutir no es mi fuerte porque prefiero que la gente piense como yo. Pero no siempre se puede. A veces resulta que hay insensatos cuyas opiniones no coinciden con las mías y que, para colmo, me las hacen saber. Es entonces que no me queda otra que entrar en una muy incómoda discusión de la que no voy a salir muy bien librado pues los mejores argumentos que tengo se me ocurren, como es el caso de hoy, horas después, a toro pasado, y ya sin la presión del adversario. Hay amigos a los que dejo de ver un tiempo y en el inter no sé con quién se juntan que luego me salen con unas ideas muy raras. Por ejemplo, el sábado nos fuimos a cenar con un amigo y su mujer y cuando hablamos de lo que van a estudiar nuestros hijos me salió con la peregrina idea de que hoy en día en las universidades a los jóvenes no se les enseña a tener espíritu emprendedor, entendiéndose lo de emprendedor como entrepreneur, es decir, esa suerte de hombre intrépido que en todo ve una oportunidad de hacer negocio y volverse rico. Según él todos salen con mentalidad de empleado.
Ese tipo de afirmaciones me lleva a discusiones que tengo perdidas de antemano porque además de mi poca habilidad para discutir allí entra un elemento de irritación que me obnubila aún más. Si algo me molesta son las ideas basadas en los prejuicios, la falta de información y mínimo de sentido común. Que yo sepa, no existe nada más ajeno al espíritu universitario que la creación de negociantes en serie para satisfacer el mercado de trabajo. Nadie estudia letras para salir a competir con las librerías Ganhdi, no hay estudiante de filosofía que tenga en mente graduarse y poner una franquicia de ateneos o ágoras, un estudiante de medicina querrá ejercer, no pone su clínica frente al Ángeles, un joven ingeniero no saldrá de la facultad a enfrentarse a ICA, un estudiante de administración de empresas...ah, ese sí, su carrera está planeada para eso, para hacer negocios y hacer dinero, como también lo está otra carrera denominada administración de bienes inmuebles, lo que demuestra que hoy en día es carrera universitaria lo que hasta hace poco era un negocio de viudas; es decir, que la discusión no es si las universidades omiten inculcar mentalidad empresarial a los estudiantes, sino que ahora se le da título universitario a una habilidad o don que antes no requería de estudios superiores, al contrario.

¡Me devuelven mi hueso, cabrones!

By a pissed Rufus

Tu antes no eras así...

Por Benedicto Dos Equis


Famosas últimas palabras: “tú antes no eras así”. Claro que no, ni yo ni los tres mosqueteros, de allí viene el famoso “no es lo mismo los tres mosqueteros que veinte años después. Y, entonces, si a los famosos espadachines les está permitidos cambiar, ¿porque a uno no?, ¿acaso uno es hijo de gendarmen? No, uno tiene todo el derecho a ser diferente, lo malo es que lo echen en cara.
El “tú antes no eras así”, es probablemente el más típico de los reproches femeninos. Los hombres podemos reclamar otras cosas y de diferente manera, pero no me imagino a ninguno de mis amigos en una de esas sesiones tormentosas de cubas, ya entrados en las necedades del estilo de “te quiero como a un hermano”, que de pronto se enoje empiece a moquear y con ojos llenos de lágrimas me suelte un aguardentoso “tú antes no eras así”. Me mentará la madre, me podrá decir que soy un hijo de la chingada, igual me arroja la cuba a la cara y luego me patea a mansalva, pero salirme con que yo no era así antes, nunca. Porque, como dije, “tu antes no eras así” sólo lo dicen las mujeres y no todas. No es un reproche de noviazgo, no hay tiempo para eso todavía.

Es un reproche que se añeja, que necesita el paso del tiempo que otorga el matrimonio. Y, además, sólo se da cuando en la pareja hay un crecimiento desigual, cuando sólo uno cambia junto con los cambios en todos los ámbitos. Entonces es un reproche clásico de esposa. En los maridos no aplica porque si la señora les cambia, generalmente a mejor, se asustan y entonces en vez de decirle “tú antes no eras así”, van y se consiguen una que sí lo sea, por lo general de modelo más nuevo. Pero las esposas no. Si ellas siguen igual después de 20 años de matrimonio, cuando en la televisión el Rintintín de la nueva versión es gay, entonces lo mejor que se les ocurre es echarle en cara al marido que él antes no era así. Yo me pregunto, ¿porque no le dirigen el reproche a la realidad?, que es la culpable del cambio. Uno es tan sólo un subproducto de la adaptabilidad.
Ah, no. “Tú antes no eras así”, desde la manzana no hemos parado de pagar los platos rotos.

La familia feliz

Por Benedicto Dos Equis


Qué ocurrencias tiene el hombre. La familia es, examinada con detenimiento, una de las instituciones peor pensadas de la historia. Cuando Jaime mi hijo tenía unos ocho años, decía que de grande iba a vivir con sus amigos en una casita en un árbol, alimentándose de pizza. Esa idea es, como concepto, lo que una familia bien pensada debería ser en la vida real. Ahora sólo imagínese que, en lugar de casita en el árbol tenemos una casa bien puesta; en vez de amiguitos tenemos a los amigotes de juerga de toda la vida; el agua de limón la sustituimos por unos buenos tragos; la pizza se puede quedar y agregamos botana y la tele con pantalla de plasma más grande del mercado, con parabólica y un control para cada miembro de la familia de manera que el zapeo sea parejo. Este tipo de familia lo único que no lograría sería descendencia y aseo, pero por otro lado es perfecta.
Pero resulta que algún teórico, que como todos los teóricos metió la pata por no conocer la naturaleza humana y vivir en su nube, decidió que la familia debía ser producto del matrimonio y, como condición sine quenon, que éste tuviera como finalidad ultima la procreación con lo cual, pues de entrada, adiós a los cuates porque los cuates son los cuates, pero con ellos aplica la máxima de “Ora, compadre, que por allí no se despacha”. Y ya con la idea del teórico de cómo debe ser la familia establecida socialmente, entonces sale de cuadro la casa bien puesta y entra a cuadro la casa familiar; salen de cuadro los amigotes y entra a cuadro la señora; salen de cuadro los tragos y entra a cuadro nuevamente la limonada; sale de cuadro la botana y entra a cuadro la comida alimenticia y balanceada, incluidas verduras y jamón de pavo; sale de cuadro la tele más grande del mercado y entra a cuadro la cama más grande del mercado y, finalmente, salen de cuadro los controles y entran a cuadro los hijos. Compare usted lo que es la familia contra la idea que esbocé al principio y verá que nomás no hay comparación, mi idea es una gran idea, la que está en el mercado es, como muchas otras al alcance del consumidor, un timo.

Y como si lo anterior fuera poco, agréguele usted que vivimos en tiempos políticamente correctos, que dictan que la familia debe ser en cierta medida una democracia, lo cual es absolutamente falso: la familia debe ser, esta sí, la dictadura perfecta, pues los hijos a partir de los cinco años y hasta los 30 son unos insensatos, pero insensatos con iniciativa, de modo que si se les permite voz y voto la casa se transforma en caos. ¿Usted se imagina una sociedad donde el gobierno mantuviera de pe a pa a sus ciudadanos y que encima éstos exigieran derechos. Eso se llama Jauja, y que yo sepa, Jauja es la utopía. Espero amigos y amigas que compartan esta humilde opinión. Las amigas por cierto, están incluidas en este ejercicio, todo es cuestión de que ustedes cambien el ideal masculino de la casita en el árbol por el ideal femenino correspondiente y que ignoro y verán que ustedes también podrían tener su casita de amiguitas y hasta con un solo control de tele, total ustedes nunca le cambian.

Una tarde en el ginecólogo

Por Benedicto Dos Equis


















-Tiene usted un condiloma epitelouterino señora Ramírez y hay que operar.
-¿Me va a doler, doctor?
-Sólo cuando esté acostada.
-¿Con quién?

Fumar hasta morir o morir hasta fumar...

Por Benedicto Dos Equis


Estoy dejando de fumar. Reconozco que es un asunto duro. Es un asunto doloroso y lleno de penas. También es largo, ya voy para tres años. Cuando empecé me aventé un mes completo sin fumar, de allí hasta hoy a veces sólo fumo, a veces traigo parche y a veces las dos cosas. Barato tampoco es, pero nada que valga la pena es barato, usted nomás vea las drogas... Yo traigo una de noventa mil pesos en la tarjeta de crédito. En mi caso la dejada de fumar no acaba porque en el fondo no tengo ganas. Tengo treinta y cinco años de bella relación con el cigarro y ya me encariñé. Si viera los jalones que doy me entendería. De hecho lo estoy haciendo de muy mala gana y bajo protesta. Lo hago porque me lo exige el cuerpo, no el espíritu, y esto eso no es solidario.
Me parece una falta de solidaridad que agravia. A ver, ¿por qué el cuerpo no aguanta lo que el espíritu? ¿Por qué el espíritu siempre está en la mejor disposición de seguir la fiesta y el cuerpo insiste en arruinarla? No se vale. Yo no sé quien nos diseñó, pero quien lo haya hecho, o tenía un cuerpo de hierro o carecía de espíritu y nunca pudo prever el delicado equilibrio que ambos requerían.
Hay quien se inclina por la moderación. Todo sin exceso, dicen. Yo tiendo a ser parte del grupo contrario. Se vale todo con exceso pero a sus horas. Tampoco soy un radical. Para eso las horas tienen sesenta minutos, el día veinticuatro horas, la semana siete días, el mes cuatro semanas, el año 12 meses y la vida un promedio de setenta y cinco años. Setenta y cinco años como promedio, son un friego de años de moderación.
Hay que excederse pero, eso sí, a sus horas y en la compañía debida. ¿Qué es la vida sin tertulias de amena charla; las tertulias de amena charla sin los cuates; los cuates sin los tragos; los tragos sin cigarro y todo ello sin una botana indigesta? Es el infierno mismo. Si de todos modos nos vamos a ir al infierno, por lo menos yo y mis cuates, para que adelantarlo en vida. Congruencia, señores. A excederse.