miércoles, 20 de mayo de 2009

El Limbo de Slim

Por Américo Prepucio
El otro día estaba embruteciéndome con unos amigos y entre chela y chela, la conversación tocó los más diversos temas: las virulentas consecuencias del virus, pasando por las simpatías compartidas hacia el personaje Bob Esponja, hasta llegar al místico tema de la decisión del tocayo de los titulares de este blog y que vive en el  Vaticano, respecto a abolir o finiquitar el tema del Limbo dentro del esquema de creencias del catolicismo. No es de extrañar que conforme aumentaba la ingesta de alcohol, más ascéticos nos poníamos, pero esa es otra historia. Por lo pronto me quiero detener en ese tema del Limbo, pues me llama la atención que siendo la iglesia como es de retrógrada y lenta para sus acciones correctivas, haya dejado en manos del multimillonario Carlos Slim este asunto tan delicado. Me explico. Diga lo que diga la iglesia como institución, le hace los mandados a las tarjetas Ladatel ya que ahí sigue existiendo un limbo en el que se quedan grandes cantidades de pesos y centavos que seguramente son consideradas "aportaciones voluntarias de los mexicanos para que Slim siga entre los hombres más ricos del mundo"Ese que es uno de los surrealistas orgullos nacionales y casi un premio de consolación, tratándose de un país tan, pero tan jodido en muchos sentidos ¿Cómo es posible que suceda esto, si se supone que las tarifas por llamada tendrían que ser exactas? Estos saldos en tarjetas deben de sumar miles de pesos y como sucede con tantas otras cosas en nuestro país, pues nadie sabe, nadie supo y chin chin al que se le ocurra reclamar. La operación de los teléfonos públicos de Telmex ya es de por sí sospechosa, pues abundan por toda la ciudad, pero es un verdadero triunfo encontrar uno que funcione adecuadamente; o no se escucha bien, o no reconocen la tarjeta o simplemente están en condiciones tan desastrosas que prefieres no hablar para no pescar un virus ve tu a saber de qué.
Por más buena voluntad que se quiera tener, es difícil no pensar que hay algo turbio en las operaciones de sus empresas, como sucede con las ventas nocturnas y especiales de los Sanborns en las que se pueden encontrar artículos a precios risibles o escandalosamente ridículos, que bien podrían entrar en la definición de la familia Soprano de "se cayeron de un camión".

martes, 19 de mayo de 2009

HUMOR INVITADO

País de comicios ilegítimos - Fisgón
Cartones La Jornada mayo 19, 2009
Consejos de un experto - Hernández
Cartones La Jornada mayo 19, 2009

lunes, 18 de mayo de 2009

M.B.-Q.E.P.D.

Benedicto Tres Equis
Todos los que lo leímos quedamos en deuda con él, en algún momento de nuestras adolescentes vidas. Será que le tocó vivir en épocas en las que había mayores certezas: ser revolucionario era una causa respetable, creer en el amor y en la poesía no era una cuestión risible y tampoco tan comercial. Su literatura nos ayudó a empezar a creer y, sin duda, para crecer había que dejarlo atrás. Muchas gracias Maestro Benedetti.

Nestor Martínez, "el Pastor"

Por Benedicto Dos Equis


Nestor Martínez, mejor conocido como "el Pastor", inventó los tacos que llevan como nombre su apodo hace 45 años, mientras se veía al espejo al estarse vistiendo.
Hombre dinámico y emprendedor es, además de empresario taquero, cronista deportivo. Él es, también, el inventor de los cien metros planos de bajada, rodando sobre los costados.

En la actualidad ostenta el título de campeón amateur mayor de cincuenta años.
Nestor es casado y tiene cinco hijos.
A su esposa, doña Enedina, la llama cariñosamente "mi media naranja". Ella se dedica al hogar y a rodar por la casa alegremente.
Bonita pareja, ¿no?

Viene, viene, qubrándose

Por Benedicto Dos Equis

La Caperuzcaya Roja

Por Benedicto Dos Equis


Hace unos días el eminente sovietólogo e independentista yucateco Lenin Montejo Chang presentó su último libro que, sin duda alguna, va a causar controversias, como sucede con todo lo que publica este erudito. Se trata de una investigación histórica titulada La Caperuzcaya Roja o la realidad pervertida en aras del comercialismo, donde sostiene que la Caperucita Roja no es un cuento, como se le ha hecho creer a la gente, sino un suceso de la vida real que por oscuros motivos políticos y editoriales fue desvirtuado con el objeto de que pareciera un acontecimiento ficticio y, para colmo, dirigido a un público infantil. A pesar de ser una obra exhaustiva, el argumento que sostiene Montejo no queda del todo claro ni a lo largo ni a lo ancho del texto, así como tampoco en el prólogo, el prefacio, la advertencia del autor, las solapas, el lomo, la portada o el pie de imprenta pero, como afirmó el propio investigador en la presentación, “mi intención con este libro no es convencer a nadie de nada, y menos sacrificar la calidad literaria e histórica de la obra en aras de la claridad, ya que si lo que busca el lector es esto último, que mejor se ponga a leer monitos”: Con razón es tan controvertido don Lenin. Pero, en fin, probablemente es la dificultad de comprensión lo que hace valiosa esta obra.

El libro en cuestión es el resultado de veinte años de ardua investigación sólo interrumpida por las vacaciones de verano y Navidad, fines de semana, una que otra enfermedad y la breve temporada que el autor se dedicó a comprobar si los mayas fueron extraterrestres o sencillamente extraordinarios, pero gracias a su tesón y a que ya se le estaban acabando sus ahorros, Montejo finalmente terminó el escrito y lo publicó con el dinero de su señora, que pertenece a la Casta Divina. Pero pasando al contenido de la obra, el autor afirma que aunque veinte años no es nada sí son suficientes como para haberle permitido dilucidar un misterio que enfrenta a la literatura infantil con la realpolitik surgido de la transformación de una realidad a un cuento. El porqué de tal conversión no se lo explica el autor pero en un poco más de quinientas páginas sostiene la tesis siguiente: que la aventura de la Caperucita Roja sucedió en algún momento entre las dos guerras mundiales y dio comienzo en Munich para terminar en Milán. Según Montejo, la Caperucita Roja no fue una niñita ficticia sino que en realidad se trató de Helga von Ludendorff, una aristócrata alemana que a pesar de su origen fue una activa militante comunista, de ahí el sobrenombre de lucha que, en realidad, fue el de la Caperuzcaya Roja, que le asignó el servicio secreto soviético. De la misma manera su mamá no fue su mamá sino Natasha Ibryschenco, la espía rusa de mayor jerarquía en Alemania que controlaba a Helga; la abuelita, como resulta evidente, no era su abuelita, fue una militante comunista italiana que trabajaba para los soviéticos y cuyo nombre pudo haber sido (hay confusión al respecto) Estefanía Magnani o Silvana Tognazzi; el lobo a su vez no fue tal, sino que se trató de Luppo Ferucci Tattaglia, un doble agente que mientras se hacía pasar por militante bolchevique en realidad trabajaba para el servicio secreto de Mussolini; finalmente, el leñador efectivamente fue un leñador que también era agente soviético en sus ratos libres: el apuesto Boris Yusupoff Enseñat, hijo de príncipe ruso y una industrial catalana fabricante de pan con tomate.


Una vez identificados los verdaderos personajes de la historia, Montejo pasa a aclarar la trama que nos es tan conocida por el cuento, pero que en la vida real fue una de las misiones de espionaje más importantes de la época. Al parecer, una bonita mañana de septiembre Natasha Ibryshenco le ordenó a la Caperuzcaya Roja que llevara un documento secreto del Comité Central, de Munich a Milán y se lo entregara a Estefanía Magnani o Silvana Tognazzi para que ésta, a su vez, lo pusiera en manos del jefe del servicio secreto soviético en aquella ciudad. Fue así que la Caperuzcaya lo escondió en un cesto de comida, se dirigió a la estación de trenes y abordó el expresso Munich-Roma-Milán, en vagón de segunda clase. Al poco tiempo de haber salido de la ciudad, Luppo Ferucci, hábilmente disfrazado de militante bolchevique, se sentó a su lado y le hizo plática. Aunque se sabe poco acerca de la conversación, al parecer Ferucci convenció a la Caperuzcaya de que era peligroso hacer el viaje entre Munich y Milán haciendo escala en Roma porque en dicho lugar el servicio secreto del Duce esta revisando a todas las jóvenes que llevaran cesto de comida a sus abuelitas con el objeto de decomisar el alimento y, de paso, ver si encontraban documentos secretos comunistas. En vista de ello, la Caperuzcaya decidió seguir un atajo recomendado por Ferucci, que de atajo no tenía nada pero que resultaba menos riesgoso. Fue así que de Munich se fue a Ámsterdam; de allí a París donde compró un magnífico queso Camambert para la abuela; siguió a Madrid, que fue una fiesta; en Barcelona se embarcó a Italia y llegó a Milán vía Atenas.
Como el recorrido duró mes y medio, cuando la Caperuzcaya llegó con su supuesta abuela ésta aullaba de hambre, cosa que le extrañó muchísimo pues, por lo general, Estefanía Magnani o Silvana Tognazzi era una mujer estoica que no acostumbraba aullar por nada, y menos por hambre. El caso es que Caperuzcaya entró en sospechas y, aunque no se sabe bien a bien lo que pasó, al parecer le increpó a la abuela por su aspecto físico abandonado, con pelos en las orejas, los colmillos sucios y demás. Finalmente, se hicieron de palabras y de ahí pasaron a los golpes.
Fue en ese momento cuando Luppo Ferucci se quitó el gorro de abuelita y los lentes bifocales y se le lanzó al cuello a nuestra heroína, no se sabe si para mordérselo o para besárselo ya que en cuestión de mujeres con los italianos nunca se sabe, pero el barullo llamó la atención del apuesto Boris Yusupoff que entró blandiendo su hacha y partió en dos a Ferucci, que, por desgracia, ya había acabado con Natasha. Esta es, a grandes rasgos, la tesis de Montejo Chang. Ahora, ¿cómo fue que este hecho verídico se transformó en un cuento? Eso, nos informó el investigador, será materia de otro libro que publicará en el momento en el que se le acabe el dinero que le produzca éste y cuyo título provisional es Yuspoff traiciona a la causa y se hace rico con el cuento de la Caperucita Roja.

domingo, 17 de mayo de 2009

Mujerzuelas a la mexicana


Por Felipa del Niño Jesús y Rijosa 
Ya se habló de mexicanos impúdicos, ¿pero que hay de las mexicanas desvergonzadas? Ya ni la amuelan, no sé a dónde van a ir a parar con esa desfachatez y ese cinismo!
Ahí tienen a la tal Salma Hayek. Cualquiera diría que lo que me mueve a la crítica es la pura envidia de ver ese cuerpazo (bueno, es un decir porque la realidad es que es talla petit) La cosa está en que ahora que salió en la portada de una  revista, se me aparece en cada esquina, toda despechugada y con el marido millonariazo atrás de ella arrimándole el mueble. Y ahí está el detalle que me hace dudar en la crítica, pues aunque ya tuvo un escuincle fuera del matrimonio, hizo todo lo necesario para atrapar al padre del chamaco y que este dejara de ser un bastardo (me refiero al niño, porque al señor ese no tengo el gusto de conocerlo) Pero si esta muchachita parece sacada de una de esas horribles telenovelas que hizo hace años cuando empezaba en televisa. Qué bien aprendió la lección en ese mercado de carne y fue por eso que se lanzó al super mercado de carne gringo. Trepadora como pocas, ha ido escalando hasta hacerse figura internacional y ligadora profesional. Sin duda algo debe saber hacer bien, pues otras actricitas que han querido seguir ese camino se han tenido que regresar con la colita entre las patas. El asunto está en que una se pregunta si ese tipo de éxito es digno de admiración y el mejor ejemplo para nuestras juventudes tan desorientadas, acostumbradas como están a la frivolidad y a tomar atajos con un sentido tan poco crítico.
Y la que ahora si de plano no se midió fue la mal llamada "maestra" Gordillo. En su discurso, precisamente del día del maestro, demostró su maestría en la elucubración, la grilla, la intriga, la manipulación y la falta de moral, de ética, de principios... es decir que es maestra de lo más jodido, porque de educación yo creo que no está capacitada ni para pre-escolar. En lugar de darle vergüenza, le dio risa el no poder leer correctamente una palabra. ¿Será esto un asunto de risa, tratándose de quien dirige uno de los sindicatos más poderosos del país? ¿Será gracioso si pensamos que se trata de quien le dio el más abierto respaldo a quien se dice presidente de México? ¿Se tratará de la risa cínica de quien no tiene escrúpulos y es capaz de cometer las más terribles bajezas porque su ignorancia no tiene límites? El asunto no es acerca de una equivocación al leer un discurso (por cierto que quien se lo escribió en este momento debe de estar colgado del escroto o de los pezones, dependiendo del género) tampoco se trata de su apariencia física; el tema es la corrupción y la impunidad de quien comete estos actos y de quienes lo permiten porque les conviene, porque están de acuerdo o porque son los más beneficiados. La actitud cínica de esta señora en serio que cala, porque se siente como que nos lo está restregando en la cara, ante la indiferencia y el beneplácito de sus compinches y de sus cómplices. Ahora que lo pienso la vergüenza no puede sentirla alguien así, la vergüenza la deberíamos de sentir nosotros porque  permitimos y celebramos el cinismo de este tipo de mujerzuelas.