jueves, 26 de noviembre de 2009

Un breve examen de la vista

Por Benedicto Tres Equis
Al parecer se ha desatado una epidemia de operaciones de los ojos, que está más virulenta que el tan traído y llevado AH1N1 o Influenza Humana o Porcina o Mexicana (o como quiera que se diga, diría la ilustrísima e ilustrada Sra. Gordillo) Es por ello que me permito presentar aquí un brevísimo examen de la vista para todos aquellos que se hayan sometido recientemente a una operación de este tipo.

¿A qué país pertenece la bandera que aparece detrás de Britney?
Por favor transcriba el texto que se ve a la izquierda de la distinguida señorita que aparece en la foto.
¿De qué color es la prenda que luce la modelo?
¿Que parte de su cuerpo cubre pudorosamente Madame Sarkozy?
¿Esta imagen la ve en blanco y negro o a todo color?
Describa brevemente la tanga de Paulina
¿En qué museo se encuentran estas personas?
¿Cuántas perlitas hay en la siguiente imagen?

LO TIPICO DEL MEXICANO

Por Vicente Nario (Colaborador Colado)

¿No que muy MACHITOS?

sábado, 14 de noviembre de 2009

LO TIPICO DEL MEXICANO

Por Vicente Nario (colaborador colado)
La última y nos vamos!

viernes, 13 de noviembre de 2009

El TELETON, un ejército de pedigüeños


Por Benedicto Tres Equis

Como ya es costumbre por estas fechas, televisa aprovecha el espíritu navideño que inunda los corazones de los mexicanos que no resultaron damnificados por las inundaciones de verdad (y de los damnificados también ¿por qué no?) y suelta por todo el país un ejército de
pedigüeños profesionales que haría palidecer a las legiones romanas.
¿Qué tan grande será este negocio del teletón que tienen como para pagar semejantes huestes? Eso sin considerar la estricta capacitación que reciben ya que están perfectamente entrenados para fulminarte con una despiadada mirada si no depositas en sus cajitas con forma de corazón un devaluado billete de a tostón... por lo menos. Parece que surgen por generación espontánea y los encuentras en cualquier esquina, calle, centro comercial e incluso paraje desértico; la solicitud la hacen con un tono entre melodramático, amenazante y doloroso, sin duda su finalidad es llegar a la meta que les ha trazado el generosísimo tigrillo azcárraga, sin importar lo que tengan que hacer.
Lo que reulta curioso de todo esto es que bastantes años después de que fue creado este movimiento que poco tiene de filantrópico y mucho de desplumadero y de evasión de impuestos, han empezado a surgir cuestionamientos de parte de algunos sectores de la sociedad que, por supuesto, son muy mal vistos por la
gente bien que es incapaz de cuestionarse o analizar los verdaderos motivos que hay --por ejemplo-- detrás de una solicitud de calderón para exigir incrementos que beneficiarán a los pobres. Pero ese tipo de cuestiones absurdas son lo cotidiano si recordamos que la pareja presidencial (foxsista) exigía "que se aclarara y se hiciera justicia a las muertas de Juárez" como si no fueran ellos la autoridad responsable de dar respuestas y no de exigir soluciones.
Pues pobres de los pobres y pobres de todos los que estamos en las garras de unos empresarios avorazados. La verdad es que estamos inmersos en una sociedad que poco tiene de solidaria, de verdad solidaria; incapaz de exigir justicia y equidad... y eso lo digo aunque algunos piensen que tengo un espíritu que tiende demasiado al conspiracionismo corporativo. Ni hablar, de lo que se trata es de no donar la dignidad.

jueves, 12 de noviembre de 2009

Tarantino es un GLORIOSO BASTARDO!

Por Benedicto Tres Equis
Hace tiempo que no veía una película tan, pero tan buena. Evocadora del mejor cine de guerra, la música, las actuaciones, la dirección, ese ritmo y tono de comic (hasta parece que cada escena tiene a un lado el story board) el asunto de manejar los diálogos en diferentes idiomas y no presentar alemanes con un acento extraño o franceses con un acento maricón. La película es global y no hace concesiones: los malos son unos hojaldras y los buenos... también, como sucede en la vida irreal.
Bravo Mr., Monsieur, Herr, Don Quentin los bastardos se lo agradecemos de todo corazón

jueves, 5 de noviembre de 2009

LO TIPICO DEL MEXICANO

Por Vicente Nario (colaborador colado)

Nomás la puntita!

Policías y/o ladrones

Por Benedicto Tres Equis
En México la corrupción es cosa seria y paradójicamente tiene su chiste. No se crean que las cosas se manejan a la ligera y de manera siniestra o perversa, bueno no al menos en las bajas esferas de esta tan arraigada costumbre, ahora que si se trata de políticos de altos vuelos las cosas son en verdad siniestras y perversas, por decir lo menos. Cuando hablo de "bajas esferas" me refiero a un policía de crucero, a uno de esos personajes por los que uno llega a sentir algo así como compasión o lástima al verlos sudar la gota gorda porque tienen que usar chalecos blindados a la intemperie y con un calor calcinante, o lucir el humillante verde fosforescente en sus gorritas y otras prendas.
Si usted alguna vez ha pensado que la corrupción en este país es un entramado diseñado para hacer caer en ella a un santo, pues está en lo correcto. Y no es que yo me de golpes de pecho o me considere el ser más derecho que haya en esta vida, pero la verdad trato de no caer fácilmente en las cloacas morales de la mordida. A pesar de ello, hoy me fue imposible renunciar a esta terrible práctica y le tuve que "pedir de favor" a un policía que fuera indulgente conmigo y aceptara (casi "por el amor de Dios") el dinero que le estaba ofreciendo para que no me llevaran al corralón.
Resulta que circulaba por una avenida en la que hay un carril para uso exclusivo de los trolebuses... y yo no lo sabía. Por supuesto me pareció algo extraño que estando atascada la calle, un carril se encontrara libre y se pudiera avanzar rápidamente rebasando a los gueyes que preferían hacer largas filas en lugar de avanzar por la vía libre. Seguramente más de uno de esos conductores que estaban atorados pensó "ojalá que ese guey que se pasa de listo, se tope con un policía al llegar al semáforo" Y así fue: al llegar a la esquina me marcó el alto un policía que lucía una enorme barriga medio cubierta por una especie de ombliguera verde fosforescente. Con una sonrisa más enigmática que la de la Monalisa y un gesto firme y decidido me indicó que "me orillara a la orilla". El tecolote se me acercó y amablemente me pidió la licencia de conducir y la tarjeta de circulación. Hasta ese momento y dado que tenía la documentación en regla, yo estaba dispuesto a que me amonestara y me aplicara la multa correspondiente para darle fin al episodio. Sacó su reglamento y me señaló toda una serie de infracciones en las que había incurrido y que ameritaban una exorbitante sanción de alrededor de 40 salarios mínimos y como dicen los taurinos "arrastre lento" al corralón. Hice una rápida sumatoria y me di cuenta que algo así representaría una fortuna pues mi coche no circulaba al día siguiente, se atravesaba el fin de semana, tendría que pagar lo de la grúa, lo de la multa, lo del hospedaje de mi coche y no sé cuántas cosas más.
Aún no terminaba de hacer las cuentas cuando mi actitud de ciudadano intachable e incorruptible, paladín de la justicia y de las buenas costumbres se convirtió en la de un amigable y conciliador personaje que apelaba a la bondad de un servidor público para que tuviera a bien "ayudarme" y que en su magnanimidad accediera a que arregláramos las cosas de alguna manera. "Pues usted dígame cómo quiere que le ayude, patrón" me dijo el panzón vigilante. En ese momento me convertí en todo un corruptor de mayores , pues reconozco que utilicé todos y cada uno de mis recursos retóricos para socavar y vulnerar la férrea voluntad de una persona honesta y trabajadora que estaba cumpliendo con su deber. No me queda más remedio que aceptar que cometí una villanía y que en sólo 2 minutos logré acabar con lo que seguramente era una larguísima e intachable carrera de policía de crucero, pues accedió a mis deshonestas proposiciones (en cuestiones de peculio y no carnales, por supuesto).
Y así es esto, las cosas se manejan de tal manera que los asuntos de corrupción recaen sobre la conciencia de quien la propone y no de quien dispone.