jueves, 30 de abril de 2009

La influenza y las influencias

Por Benedicto Tres Equis
Las piaras podrán dormir tranquilas. No sé de qué privilegios gozan o con quién están  bien parados, pero el caso es que los cerdos de todo el mundo lograron que, por decreto, se cambiara el nombre a la epidemia que desde hace ya una semana nos trae de cabeza. La enérgica protesta de los chanchos provocó que se les reivindicara y siendo que es un problema humano, se corrigiera y se le diera la denominación de influenza humana. En una acción que recuerda el famoso "Y yo por qué" que popularizara el populachero ex presidente Fox, los puerquitos han logrado desmarcarse de la epidemia. Bien por ellos.
Menos mal que a las autoridades de la OMS no se les ocurrió rebautizar a este virus con el nombre de gripe del mariachi, influenza del tequila o epidemia a la mexicana, porque entonces si que nos hubieran dado en toda la torre; como ocurrió con la epidemia de 1918 a la que llamaron gripe española y no fue porque se haya originado ahí, se debió a que España no estaba involucrada en el relajo de la Primera Guerra Mundial y fue el país donde se le dio una gran difusión al problema de esta epidemia. Ya de por si tenemos bastantes problemas como para sumar uno de esta naturaleza y echarnos al mundo encima adjudicándonos, además, una pandemia.
El que finalmente apareció después de unos días de incomprensible ausencia fue Calderón. En un mensaje que duró unos 15 minutos y se transmitió a las once de la noche, horario que está lejos de ser triple A, se mostró más bien nervioso, carente de liderazgo y --para variar-- bastante demagogo. Ya no es de extrañar que las autoridades nos traten como infantes y pretendan una aprobación absoluta respecto a sus acciones y no estén dispuestos a recibir el más mínimo cuestionamiento ¿Será por eso que no da la cara y manda a su secretario de Salud? Quien, por cierto, está perfeccionando un estilo bastante fascista en sus informes y conferencias de prensa. A duras penas responde a las preguntas que se le plantean y se hace como que la virgen le habla cuando o no tiene la respuesta o no quiere responder; cómo es posible que hable de un 25% de algo sin establecer con claridad a qué se está refiriendo, por ejemplo. Su esbirro encargado de coordinar las sesiones de preguntas y respuestas de inmediato sale al paso cuando algún reportero pretende hacer más de una pregunta al Secretario. Por cierto que la actitud de la gente de la prensa es demasiado timorata, no sé si los tienen amenazados con impedirles la entrada si se ponen flamencos, pero creo que tendían que ser más firmes al exigir claridad en las respuestas.

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