jueves, 14 de mayo de 2009

La familia feliz

Por Benedicto Dos Equis


Qué ocurrencias tiene el hombre. La familia es, examinada con detenimiento, una de las instituciones peor pensadas de la historia. Cuando Jaime mi hijo tenía unos ocho años, decía que de grande iba a vivir con sus amigos en una casita en un árbol, alimentándose de pizza. Esa idea es, como concepto, lo que una familia bien pensada debería ser en la vida real. Ahora sólo imagínese que, en lugar de casita en el árbol tenemos una casa bien puesta; en vez de amiguitos tenemos a los amigotes de juerga de toda la vida; el agua de limón la sustituimos por unos buenos tragos; la pizza se puede quedar y agregamos botana y la tele con pantalla de plasma más grande del mercado, con parabólica y un control para cada miembro de la familia de manera que el zapeo sea parejo. Este tipo de familia lo único que no lograría sería descendencia y aseo, pero por otro lado es perfecta.
Pero resulta que algún teórico, que como todos los teóricos metió la pata por no conocer la naturaleza humana y vivir en su nube, decidió que la familia debía ser producto del matrimonio y, como condición sine quenon, que éste tuviera como finalidad ultima la procreación con lo cual, pues de entrada, adiós a los cuates porque los cuates son los cuates, pero con ellos aplica la máxima de “Ora, compadre, que por allí no se despacha”. Y ya con la idea del teórico de cómo debe ser la familia establecida socialmente, entonces sale de cuadro la casa bien puesta y entra a cuadro la casa familiar; salen de cuadro los amigotes y entra a cuadro la señora; salen de cuadro los tragos y entra a cuadro nuevamente la limonada; sale de cuadro la botana y entra a cuadro la comida alimenticia y balanceada, incluidas verduras y jamón de pavo; sale de cuadro la tele más grande del mercado y entra a cuadro la cama más grande del mercado y, finalmente, salen de cuadro los controles y entran a cuadro los hijos. Compare usted lo que es la familia contra la idea que esbocé al principio y verá que nomás no hay comparación, mi idea es una gran idea, la que está en el mercado es, como muchas otras al alcance del consumidor, un timo.

Y como si lo anterior fuera poco, agréguele usted que vivimos en tiempos políticamente correctos, que dictan que la familia debe ser en cierta medida una democracia, lo cual es absolutamente falso: la familia debe ser, esta sí, la dictadura perfecta, pues los hijos a partir de los cinco años y hasta los 30 son unos insensatos, pero insensatos con iniciativa, de modo que si se les permite voz y voto la casa se transforma en caos. ¿Usted se imagina una sociedad donde el gobierno mantuviera de pe a pa a sus ciudadanos y que encima éstos exigieran derechos. Eso se llama Jauja, y que yo sepa, Jauja es la utopía. Espero amigos y amigas que compartan esta humilde opinión. Las amigas por cierto, están incluidas en este ejercicio, todo es cuestión de que ustedes cambien el ideal masculino de la casita en el árbol por el ideal femenino correspondiente y que ignoro y verán que ustedes también podrían tener su casita de amiguitas y hasta con un solo control de tele, total ustedes nunca le cambian.

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